17 maneras de perder las fotos del verano

Hasta hace relativamente poco, para perder las fotos del verano habían sencillos métodos que los más jóvenes no conocen.

Por ejemplo, si no ponías el carrete bien, uno se hartaba de tirar fotos, pero el carrete permanecía tan nuevo como entró: sin una sola imagen capturada. Otra fórmula utilizada era sacar el carrete a plena luz del sol: las fotos quedaban “veladas” y los recuerdos del verano, también. Y si la cámara estaba con una ISO inadecuada, salían totalmente negras o totalmente blancas.

Si todo iba bien, las fotos las podríamos ver al cabo de algunas semanas desde la llegada de las vacaciones. Todo era un misterio: ¡a ver como saldrán! Y algunos salíamos con los ojo cerrados y la boca abierta, o con cara de menos luces de las que habían.

Hoy, siendo las cosas más fáciles: se pierden muchísimas más fotos y existen más posibilidades para lograrlo. Veamos unas cuantas.


Robo

Muchos son los que utilizan el teléfono móvil como única cámara fotográfica, tanto para vacaciones, como para fotografiar su estado de felicidad suprema y compartirlo en las redes sociales.

1 – En el tren. El móvil es, además de una cámara de fotos, un excelente reproductor de música. No es extraño que algunos lo usen en el tren para que el viaje al trabajo resulte más soportable. Y tampoco lo es que uno acabe sobado a mitad de trayecto. Y si además nos sentamos al lado de la puerta de salida, lo ponemos a huevo: los cacos se llevan el teléfono móvil y la víctima despierta con los auriculares colgando de las orejas.

2 – Caminando pendientes del móvil. Si algún día has observado en cómo vamos todos por la calle, conversando por teléfono, revisando el correo, chateando, etc., te habrás dado cuenta de lo fácil que sería arrebatar a cualquier peatón su teléfono y salir corriendo. Pues eso pasa muy a menudo.

 

Otras formas de robo. Pero hay más posibilidades de que los amiguetes de lo ajeno se hagan con nuestras fotos:

3 – Pueden entrar en casa y llevárselo todo.

4 – Abrirnos el coche si nos han visto dejar la cámara o el portátil.

6 – Aprovechar cualquier despiste en un aeropuerto o un área de la autopista.

7 – Caer en la trampa de un tipo muy amable que se ofrece para hacernos una foto. Cuando le facilitamos la cámara, desaparece cual gacela mientras decimos “Luiiiiiiiis”.

Conocemos casos en los que, por robo, se han perdido todas las fotos hechas a un hijo de dos años desde que nació. La ventaja de la gran capacidad, se convierte en desventaja. Y en esto de las fotos y los datos importantes, hay que acogerse a un sabio consejo de nuestros abuelos: nunca deben ponerse todos los huevos en la misma cesta.


Incidentes

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No sólo debemos prestar atención a los cacos para que nuestras fotos lleguen sanas y salvas a un lugar seguro. Hay más peligros.

8 – Caídas. Tanto la propia (no hace falta bajar rodando por las escaleras de un campanario sino que un tropezón de lo más tonto puede ser suficiente) como la de la cámara en solitario. Si ésta sólo cuenta con su memoria interna y la caída la estropea, tenemos un problema.

La cámara puede caerse en diversos sitios y de diversas maneras. Y puede que no volvamos a verla más: desde un puente, un acantilado, un barco, fotografiando el hermoso reflejo de un pozo, desde la moto, en la piscina, la playa, o practicando deportes trepidantes.

9 – Agua. Basta con que el teléfono acabe en un pequeño charco para que deje de funcionar para siempre. Si en lugar de un charco es un lago, un río, o el mar, podemos perder tanto la cámara como todo su contenido. Curiosamente, el agua, que tan buena resulta para el ser humano, es totalmente perjudicial para un móvil o una cámara digital.

10 – Calor. Aparentemente, los teléfonos inteligentes no sufren por el calor. Pero si alcanzan una temperatura respetable, las tarjetas de memoria podrían acabar estropeándose.

11 – Pérdidas y despistes. Si te paras a tomar un refresco y te dejas la cámara sobre la mesa, las fotos que has tomado no las volverás a ver nunca más (salvo que estés en Japón). La misma suerte correrán las fotos que viajen en una maleta perdida.

12 – Fallos eléctricos. Volvamos un momento a casa y hablemos de las fotos que tienes en el ordenador. No es fácil que un fallo eléctrico haga desaparecer los datos. Pero, no siendo fácil, sí que es posible que esos datos (fotos incluidas) desaparezcan o que el disco duro se estropee.


Virus

13 – Encriptación / borrado de datos. Hasta hace muy poco, los virus se limitaban a entorpecer el funcionamiento del ordenador o a dejarlo fuera de servicio. Pero los datos solían respetarse. Ahora la moda es encriptar la información de tal modo que es como si desapareciera. Y no solamente la del ordenador afectado, sino que destruyen los datos de los ordenadores conectados en red e incluso las copias de seguridad.

En este caso no sólo puedes perder las fotos del verano sino las de toda tu vida. Hemos visto casos en los que una empresa ha perdido absolutamente todos sus datos, copias incluidas.


Fallos técnicos

No hace falta tirarse en paracaídas con la cámara a cuestas para perder las fotos más valiosas.

14 – Las cosas se estropean solitas. Si las fotos están en la memoria interna de tu teléfono y éste se estropea, mal asunto. También se estropean las tarjetas de memoria y los pendrives, haciéndose ilegibles para siempre. Los discos duros, por muy nuevos y externos que sean, no están exentos de dejar de funcionar un buen día.


Fallos humanos

Como ser individual, el hombre está diseñado para complementar lo que ni la naturaleza ni la tecnología han logrado. Es el gran especialista en conseguir que aquello que funciona bien, deje de hacerlo definitivamente. Y como ser colectivo, también.

15 – Limpieza de archivos. Este fenómeno suele ocurrir en tardes de aburrimiento. Es algo así:

“Tralará larito, voy a ordenar mis fotitos. Esto lo borro, esto lo tengo en un CD, esta carpeta la pongo aquí, esta allá, hago copiar y pegar. Nenes, ¿habéis visto como domina el tema vuestro padre? Luego cortar y pegar..”

“Sí, dime, sí, sí, en casa, vale, vale, luego nos vemos.”

“Esto… ¿donde estaba? Ah, sí, que ahora copio esto de aquí y lo pego allí… ¡ostras! ¿dónde están las fotos del año pasado?”

 

 

16 – Formateo. Es un proceso que sirve para dejar en orden un disco duro, una tarjeta de memoria, una memoria USB, la memoria interna del teléfono, etc. El problema viene porque el proceso de formateo borra todos los datos del disco duro o tarjeta. Y ocurre que uno puede equivocarse y, en lugar de formatear una tarjeta, se formatea otra o un disco duro entero. O que, siendo consciente de la tarjeta que se quiere formatear, no se es consciente de que contiene datos importantes que aún no han sido guardados en otro lugar.

17 – Copiar y pegar. Por distracción, o porque se tiene una mañanita espesa, cabe la posibilidad de que una carpeta se copie sobre otra que contiene archivos con el mismo nombre. Las cámaras suelen asignar a las fotos un mismo nombre con una secuencia numérica, que forma parte de ese mismo nombre: “img-001.jpg, img-002.jpg”…

Si se da el caso de que hacemos “pegar” en una carpeta que contiene muchos archivos (que pueden ser de varios años atrás) con el mismo nombre que hay en la tarjeta de memoria o en otra carpeta, ya hemos montado el pollo del mes. Recuperar los archivos que hemos “machacado” puede ser prácticamente imposible en muchos casos.

Sí, tienes razón: el sistema nos avisa: “¿Quieres sustituir todas las fotos de tus hijos por un montón de fotos que no valen la pena? ¿No sería mejor guardarlas en otra carpeta?”. Y nos ofrece varias posibilidades para que, efectivamente, elijamos la que más daño haga.


 

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Podríamos seguir, pero creo que es suficiente por hoy. Lo importante debería ser que tomáramos consciencia de la fragilidad de las fotos de hoy en día. Y de que es comprensible perder las fotos de una semana de vacaciones si la cámara acaba pisoteada por un toro. Pero lo que no debería ocurrir es que un incidente así se cargara en un segundo todas las fotos de cinco años atrás.

Más adelante repasaremos algunos recursos para proteger las fotos de todos los veranos.